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La libertad de expresión cuesta 3.000€

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Leo con estupor la aberrante sanción que ha recaído sobre el futbolista del Sevilla F.C. Frederick Kanouté : 3.000€ por el grave delito de enseñar una camiseta con la palabra “Palestina” escrita en varios idiomas cuando celebraba el gol marcado contra el Deportivo de La Coruña el pasado miércoles, en un partido de la Copa del Rey. No sé qué reza exactamente la estúpida y absurda norma por la que un futbolista no puede quitarse la camiseta para celebrar un gol (me gustaría, por cierto, que alguien me explique las razones de la existencia de semejante norma), castigada con tarjeta amarilla (de la que muchas patadas y agresiones se libran) y una multa, pero, como bien se observa en la foto, el jugador se retira parte de ella para mostrar el mensaje escrito sobre la que tenía debajo. Al margen de este nimio detalle, lo verdaderamente importante es que la multa pone un precio a la libertad de expresión de los deportistas de élite. Muchas veces nos quejamos, con razón, del aparente pasotismo...

¡PODEMOS!

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Corría el año 82, ese en el que "oficialmente", según mi familia, me aficioné al fútbol. En mi casa, aguantaron el coñazo que daba el niño de 9 años con partidos y más partidos en el televisor porque, por lo visto, había hecho una promesa "después del Mundial se me pasa". Naturalmente, pasado ese verano me apunté en mi primer equipo de fútbol, cosa que he seguido haciendo durante más de dós décadas. Ahora que mis rodillas me tienen fuera de juego, no pienso en otra cosa que no sea en correr detrás del balón y chutar a portería. No hay emoción parecida a la de conseguir un gol. En estos 26 años he seguido fielmente a mis dos equipos, la Real y la Selección. La primera es la que me ha dado más alegrías y también mis mayores disgustos futboleros como aficionado, a la cabeza el descenso a Segunda División el año pasado y el amargo final de esta temporada con el fallido ascenso (consecuencia de la mayor indolencia que jamás vi sobre un terreno de juego, pero no nos desvi...