Un café con leche y un croissant
“Believe it or not, it’s just me” rezaba el final de la letra escrita por Mike Post y Stephen Geyer para el tema central de una entrañable serie de televisión de los 80: El Gran Héroe Americano. El protagonista describe las emociones que le producen sus especiales habilidades, sin terminar de creerse que es capaz de hacer lo que hace. Lo curioso del asunto es que no se trataba de falsa modestia: en realidad los superpoderes no eran suyos sino que provenían de un traje de modo que, al quitárselo, volvía a ser el de siempre y, de hecho, no especialmente habilidoso. Y es que lo que me resulta más atractivo del mundo de los superhéroes son aquellas situaciones de su vida cotidiana en la que sus superpoderes no les sirven de nada y deben enfrentarse a los mismos problemas que el común de los mortales: Peter Parker, alter ego de Spiderman, sufriendo para llegar a fin de mes, viviendo en un pequeño zulo y sin contrato fijo en el periódico para el que trabaja. Por ello el superhéroe que más me...