Para echar un cable

jueves, octubre 09, 2008

Himeji y Nara: Una vuelta alrededor de Kioto y nos vamos a Hiroshima y Miyayima

Para no ser menos que Tokio, Kioto también tiene cerca algunos sitios para ir de excursión saliendo y volviendo el mismo día. Ya hemos comentado aquí la espectacularidad de Nikko y comentaremos en días venideros la de Kamakura pero antes de salir de Kioto, hay que hacer una parada y detenernos en dos lugares muy especiales.

El castillo más importante de Japón se encuentra a sólo media hora de aquí, en un agradable y tranquilo pueblecito que se viste de ciudad, con su neón, para hacernos notar que el desarrollo japonés ha llegado al último rincón. A él hemos llegado por la tarde, tras haber pasado la mañana visitando, entre otros templos, el inconmensurable “Golden Pavillion”. Se trata de Himeji, un lugar en el que merece la pena emplear las tres horas que se tarda en recorrer el interior del magnífico castillo y los jardines anexos. Los castillos japoneses, de paredes blancas, revestimientos dorados y tejados con el característico triángulo de puntas redondeadas en nada se parecen a los europeos y, si bien no son tan espectaculares como, por ejemplo, los que se pueden encontrar en la ribera del Loira, su atractivo es indudable.

Regresamos a Kioto a disfrutar de una magnífica cena y, tras el sueño reparador, nos levantamos para visitar la primera capital de Japón: NARA. Aunque nada parece recordar aquellos días al salir de la estación tren (si hay algo que hemos echado de menos, es la ausencia general de lo que por estos lares conocemos como “casco antiguo”), la visita por los ocho lugares reconocidos como “patrimonio de la humanidad” por la UNESCO es obligada, a pesar de que, una vez más, implique una larga y cansada caminata habitualmente acompañada por los ciervos y cervatillos que allí habitan, protegidos por su condición cuasi sagrada. Por encima de todo y de todos destaca el Todai-Ji: su sala central, la del Gran Buda, llamada Daibutsu-den, es el edificio de madera más grande del mundo y ahí está delante nuestro, imponiendo sus 56 metros de altura y toda su historia, albergando en su vientre una de las mayores figuras de bronce que se pueden encontrar, un Buda de 16 metros de altura que, según alguna conocida fuente, requirió tal cantidad de metal que casi causó la ruina del país.

Durante el regreso, una parada técnica para sumergirnos en el bosque de torii del templo de Fusimi-Nari en las afueras de Kioto antes de disfrutar la última noche en la ciudad; mañana partimos hacia Hiroshima. Es hora de despedirnos de la ciudad y de la gente con la que la hemos compartido: con Héctor e Ismael, amante del Airsoft que con él desahoga sus ansias de impartir justicia (estilo cómic) en el mundo; con Iris y Josema, también presentes en las noches de Tokio, que quizá vuelvan algún día a ver lo que se perdieron pero nunca olvidarán lo que vieron.

Nos levantamos excitados ante la siguiente parada de nuestro destino pero aún tenemos una última visita antes de abandonar la ciudad, el templo de Sanjusangendo. Lamentablemente, la hora empleada es suficiente para que las nubes cubran la ciudad y una tromba de agua descargue sobre nosotros mientras caminamos el kilómetro que separa nuestro ryokan de la estación de tren. Y así, tras dos horas de viaje y una conversación imposible en el tren bala con un simpático japonés con pinta de no poseer un techo en el que guarecerse, llegamos a HIROSHIMA que uno se la imagina devastada, llena de escombros, llena de gente con la mirada perdida y triste, inmersa en un eterno lamento nuclear. Sin embargo, la otrora bombardeada es hoy una ciudad agradable que, desde un punto de vista turístico no tiene mucho que ofrecer pero sí muy interesante. La Cúpula de la Bomba A, el Parque de la Paz y el Museo Conmemorativo de la Paz son una prueba de la inmensa capacidad del ser humano para la barbarie, sólo comparable con su no menos inmensa habilidad para recuperarse y regenerarse. Más allá de una de esas visitas que ponen a prueba el estómago y la sensibilidad de cualquiera, el viajero se encuentra con un centro acogedor y un ambiente formidable, amigable y abierto, donde se puede comer en un sitio tan particular como el Okonomi-mura en el que se puede degustar el sabroso okonomiyaki (hiroshimayaki en su versión local) acompañado de una jarra de cerveza bien fría (me he enamorado de la cerveza japonesa) en cualquiera de las múltiples barras de un restaurante que se extiende a lo largo de las plantas segunda, tercera y cuarta del edificio donde se encuentra. Luego podemos tomar una copita en un sitio tan agradable como el Lotus, pero sólo una que mañana hay que madrugar de nuevo.







Llega la mañana y el momento de ir a ver la famosa tori flotante de la Isla de Miyayima. Un sitio único, sin duda, donde, además del templo, se puede recorrer el pequeño y encantador pueblecito, y tomar dos teleféricos para alcanzar el punto más alto de la isla y disfrutar unas vistas magníficas en compañía de unos simpáticos macacos. Un sitio donde, además, tenemos la suerte de conocer a los inefables barceloneses Xavi y Sonia, y a los entrañables primos Alberto y Jose, con los que compartimos la excursión y una divertida cena en la ciudad. Nos volveremos a ver en Tokio, pero aún tenemos que viajar más al sur.
Hiroshima:
19 Agosto: Cúpula Bomba A, Parque de la Paz, Museo Conmemorativo y noche por el centro
20 Agosto: Isla Miyayima

7 comentarios:

Ciabogas dijo...

Interesante crónica. No dudaré en llevarme su blog bajo el brazo cuando vaya a Japón, lo que espero que no tarde demasiado en hacer.

Mochales dijo...

Considero que no debes dejar pasar la oportunidad de explicarnos el caso del turista español que nadó frente al palacio imperial. ¿Es cierto que no hay duchas en Japón?

Yago dijo...

Gustoso estaré de contarle lo que haga falta, sr. Gonzalo, aunque será menos de lo que escriba aquí, que mi memoria no es lo que era...

Sr. Mochales, qué contestar... las duchas son diferentes: basta con tirar de la cadena y quedarse mirando la taza fijamente para poder lavarse la cabeza

Gonzo dijo...

había olvidado sus crónicas japonesas, hombre.

Suscribo lo dicho por el señor de gafas y espero que narre los episodios de picores, si no prefiere olvidar.

Por otra parte, dos comentarios:

No sé si usted pudo ver un edificio en Hiroshima que lo conservan tal y como lo dejó la bomba, en plena zona cero, que era un cine curiosamente... dicen que impresiona.

Y recomendarle un docuemnatal que hizo Ciro Altabás, un freaky al que conozco, que es un director de culto por ahí, y que realizó un documental llamado "Game", sobre su experiencia en Japón cuando sacaron la Wii... Recoimendable... en yutube encuentra cosas

Yago dijo...

Sí, es el mencionado como "cúpula de la bomba A". Impresiona. Luego, dentro del museo, tienes mil objetos tal y como quedaron, alguno para tocar de hecho: botellas de coca cola deformadas, mochilas, ropas, tuppers de niños... tremendo.
Lo del documental me lo dijiste en el momento y supongo que olvidé verlo.

Yago dijo...

Por cierto, no era un edificio para exposiciones. Un salón de exhibición industrial o algo así. La bomba estalló en el aire, no en el suelo, a 300 metros de allí, donde está la escultura conmemorativa en mitad del Parque de la Paz

Yago dijo...

Quería decir "no era un cine, era un edificio para..."