Para echar un cable

lunes, noviembre 03, 2008

Fukuoka, el desenfreno escondido

La teórica meca japonesa del desenfreno y la marcha nocturna infinita se encuentra en el punto más occidental del país, el más cercano a Corea del Sur, y ofrece bastante más que el ocio nocturno.

Bañada la ciudad por el Mar del Japón, cuenta con excelentes playas ubicadas relativamente cerca del centro, perfectamente equipadas y, sorprendentemente, vacías en un país cuyas imágenes muestran una masa de gente que se desplaza colapsando las aceras, el transporte público y cualquier punto de reunión.

El punto más alto, la moderna Torre de Fukuoka, un edificio imponente, vestido de un reflejo azul que se confunde con cielo y mar, vigilada a su vera por dioses nipones que la guardan y dan fe de su majestuosidad no sólo es una de las más altas del país sino también una de las más bonitas. Es maravilloso subir a ella y disfrutar de las vistas, y bajar después a darse un chapuzón a sus pies, tumbarse y contemplar como se eleva al infinito, tocando la eternidad.

El río que une y separa la ciudad atravesándola en el corazón permite un paseo a su orilla, rodeado de vida y luz, de puestos de comida cuya ubicación no se corresponde, como sucede en tantos sitios del mundo, con el servicio ofrecido ya que se come escasamente, mal y por un precio relativamente caro. Allí se puede conocer gente muy interesante con la que compartir mesa y mantel; en nuestro caso, un original matrimonio gay e italiano, amigos de Almodóvar, Alaska y su troupe, de cuya conversación disfrutamos y con los que hubimos de abortar el intento de tomarnos unas cervezas ya que el sitio de copas, recomendado por la Lonely Planet, parecía no existir y nadie supo decirnos si así era. Son los problemas de intentar comunicarte con gente que, además de no hablar otro idioma que el local, sufre de una pertinaz y aislante timidez. Una lástima que, en un imperdonable descuido, no intercambiáramos números y dirección de correo. Qué les vaya bonito y nuestros caminos vuelvan a cruzarse.














Siguiendo el curso del río un poco más allá, el culmen de la originalidad japonesa en forma, esta vez, de centro comercial: el espectacular Canal City, con sus fuentes y su canal artificial. Los centros comerciales en Japón resultan se auténticos museos del ocio, entretenimiento y, claro está, el consumo. Son una visita obligada.

Como un noctámbulo de pro no puede irse de un sitio así sin probar alguno de sus bares, terminamos entrando en uno semivacío en el que una pareja de músicos de jazz locales tocó para nosotros en exclusiva y el dueño, todo cortesía, nos despidió acompañándonos al ascensor.




Otra cruz en el mapa del país del sol naciente con la que finalizamos la segunda semana de nuestro periplo. Ya sólo queda iniciar el largo regreso a Tokio pero todavía quedan algunos lugares interesantes por visitar antes de que eso suceda.



Fukuoka:

21 Agosto

2 comentarios:

lecedrol dijo...

La descripcion que haces es realmente sensacional y ciertamente invita a una visita obligada a ese lugar. Cierto es que mi pasion por los viajes y por el conocimiento de nuevos lugares es infinito, pero nunca habia leido algo con tanto atractivo de un lugar...

Yago dijo...

Muy agradecido